Aguadores de Marruecos

Siempre me gusta observar durante mis viajes cómo la sombra del turismo se alarga sobre la realidad y la deforma, produciendo a menudo unos engendros entre hilarantes y patéticos. Costumbres con pleno sentido en el pasado, poco a poco lo acaban perdiendo, viéndose abocadas a desaparecer. Sin embargo, de repente aparece el fenómeno del turismo para reemplazar el uso “real” de esa costumbre por un uso “falso” turístico: la preciada foto que nos llevamos a casa como souvenir. 

Es el caso de los aguadores de Marruecos. En cada uno de mis viajes al país vecino, nunca dejaba de sentir cierta pena viendo a los aguadores persiguiendo turistas para cobrar su “tasa” por la foto que se hacían con ellos. Hubiera jurado que sus viejos odres de piel iban vacíos y que el único sentido de sus campanillas era atraer turistas repletos de dólares… 

Aguador

Aguadores en Marruecos

El caso es que en este último viaje, recorrimos nuevamente varias de las ciudades imperiales: Casablanca, Rabat, Meknes y Fez se abrieron de nuevo ante nuestros ojos y disfrutamos del viaje de una forma sincera. Nuevamente nos topamos en una de las plazas con los famosos aguadores y nuevamente me asaltó esa sensación de “irrealidad” que tan mal encaja en mi forma de ser. 

Sin embargo, en esta ocasión me sorprendió un nuevo fenómeno, que me llenó de felicidad: un día, atrapados en un interminable atasco en Casablanca, donde costaba atravesar cada semáforo más de quince minutos, de repente me fijé en una figurilla de color rojo avanzando entre los coches. Se trataba del viejo aguador, trabajando a destajo en medio del caos de la ciudad. Verle amablemente ofrecer su oro líquido a los sufridos conductores y recibir a cambio unas monedas de recompensa me hizo sentir la mayor alegría del viaje. Pensarás que es una tontería, pero para mí, que tan a menudo contemplo paisajes “de cartón piedra”, la imagen del aguador ofreciendo su agua a los viandantes me llenó de una agradable sensación de “realidad”, de estar contemplando el Marruecos de hoy, del aquí y ahora, que es en definitiva lo que todos buscamos cuando viajamos, no?

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Noches Blancas en St Petersburgo

¿A QUE LLAMAMOS LAS NOCHES BLANCAS DE SAN PETERSBURGO? San Petersburgo al igual que muchas otras ciudades europeas tiene una intensa vida nocturna. Sus calles y grandes avenidas gozan de una buena iluminación, aparecen durante esta época gran cantidad de terrazas por todos lados y hay un gran número de lugares para la diversión. Sin lugar a dudas el mejor momento para disfrutar de la noche es cuando no la hay, y es precisamente en ese periodo del año, el llamado Noches Blancas. Este peculiar fenómeno se conoce así a esos días que van (del 20/5 al 15/7), cuando el sol apenas se pone por el horizonte debido a la latitud norte que se encuentra la ciudad, su cielo celeste expone una claridad azulada que envuelve el crepúsculo y mantiene la ciudad viva 24 horas. Son días mágicos, los mejores del año para visitar esta artística ciudad. Al principio nos encontraremos un poco desorientados al ver que las farolas no se encienden, los restaurantes siguen abiertos y el tiempo parece haberse detenido en el atardecer, y aunque en realidad es ya de madrugada. Durante estos días la agenda cultural es muy activa, se crea un festival único lleno de conciertos de música clásica, ballet, ópera, jazz, interesantes exposiciones de museos, fuegos artificiales y un sin fin de actividades que harán si no le domina el cansancio mas provechoso su tiempo. Noches Blancas en St Petersburgo - Rusia Este año y por primera vez se celebran en la ciudad del 10 al 20 de Julio los conciertos de “OPERA PARA TODOS”. Los cantantes de opera de los principales teatros de la ciudad; Mariinski, Mikhailovsky y Alexandrisky están ofreciendo conciertos al aire libre en parques y jardines para el público en general. Sin lugar a dudas este tipo de conciertos acerca las grandes voces a todos los públicos desinteresadamente ya que se ofrecen de forma gratuita. Puedes consultar toda nuestra programación de Rusia siguiendo este enlace

Estupidizad al viajero

Convertidlo en un perfecto idiota, sólo se trata de sacar el dinero de su cartera lo antes posible.

Llevo ya algún tiempo reflexionando sobre el sentido último de la publicidad que masticamos cada día. ¿Por qué tratan de influirnos convirtiéndonos en perfectos imbéciles?
Hasta ahora sólo había observado el fenómeno en la publicidad generalista. Mensajes que convierten al hombre en un tipo insolidario, a la mujer en un florero o a los niños en máquinas de devorar todo tipo de objetos…

Supondrán que somos incapaces de retener otra cosa que no sea un slogan corto, a poder ser absurdo y aún mejor si proyecta una imagen simple. Si además suena bien, estamos ante un monumento a la publicidad:

Grimaldiza

 

LLEGA

 

 

 

 

 

Hay quien de más? Seguro que no soy el único que se siente molesto al leer mensajes pueriles, carentes por completo de profundidad o directamente dañinos. ¿Cómo enfrentarse a una publicidad así?

Llamadme idiota, pero yo pensaba que se trataba de viajes…

Precioadicto

Soy PRECIOADICTO, lo reconozco. Sé que es una enfermedad, como toda adicción, algo negativo, que señala un defecto en mi forma de ser. Cada vez que busco algo, sea lo que sea, lo primero que miro es el precio. Veo que este mal es absolutamente generalizado en la sociedad que vivimos hoy. ¿Por qué la categoría “precio” siempre se impone a cualquier otra? Sin darnos cuenta, comparamos, deImagencidimos, juzgamos y delimitamos en función de sólo un aspecto del objeto (o lo que es peor: del sujeto…) Precio precio precio. Pasamos por la vida como por los pasillos de un hipermercado, buscando gangas en nuestro día a día. ¿La vida era eso realmente? Sé lo que estás pensando: yo no soy así. No te engañes: quizá no miras la etiqueta cada vez, pero mentalmente siempre está ahí el precio, el coste. Es una especie de obsesión, nada tiene un sentido completo si no le ponemos precio. Dime cómo hablar de algo sin inmediatamente referirlo a su precio El objetivo no es señalar tragedias. Mi idea es encontrar rincones donde el precio no sea siempre y cada vez la primera categoría. ¿Es posible? Definir espacios donde las relaciones entre las personas y las cosas no estén dictadas por el precio. No digo que NO TENGAN precio: digo que su precio no sea la categoría que define su esencia, su sentido. En definitiva, reclamar espacios que escapen al precio. Trato de ser práctico y me impongo
tareas: llevo tiempo que cuando compro en el supermercado, procuro no comparar precios. Busco prestaciones, cantidades, calidad. Procuro huir de la palabra “oferta” y sólo cuando he definido que un producto es mejor que otro, lo meto en mi carrito. No es ninguna heroicidad: comprar el papel higiénico o la lechuga no es una decisión trascendental. El objetivo es liberar mi mente de esa presión absurda que nos lleva a emplear una parte tan inmensa de nuestro escaso tiempo en comparar precios y más precios. Te aseguro que me va muy bien…

Diez años no son nada…

traveloteca_transp

Ya una década en la mochila, y parece que fue ayer… Polvo de los cinco continentes cubre ya nuestros zapatos y seguimos al pie del cañón publicando viajes en nuestra web, buscando almas gemelas que quieran lanzarse a probarlos y disfrutar de ellos.

Hace diez años que nos embarcamos en esta aventura maravillosa de ofrecer viajes a través de internet: toda una eternidad en este mundo loco, donde los cambios se producen cada día en el espacio que va desde que te levantas hasta que te acuestas.

Al recordar todos esos cambios, se me ocurrió si no sería buena idea dedicar unos minutos de reflexión para arrojar un poco de luz sobre este mundillo que nos ocupa a tantos, ya sean profesionales del turismo o sólo viajeros que disfrutan de su tiempo libre.

Pensar sobre qué sea eso que llamamos viajar, por qué lo hacemos o qué buscamos, qué sentido tiene en la sociedad que nos ha tocado vivir hoy, si podemos o no hacerlo mejor… de todo eso y de mucho más quiero hablar en este blog y me gustaría que tú me acompañaras en este nuevo viaje. Tus comentarios será vitales para mí, ojalá para todos. Te doy las gracias de antemano